María Gabriella Battaini

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20 julio 2005

"Valparaiso: Un Lugar Para Vivir"

Recorrer los típicos cerros con sus estrechas y adoquinadas calles. Ver salir y entrar barcos desde la bahía. Apreciar la multiplicidad de colores de un amanecer o atardecer desde un típico paseo porteño. Visitar sus picadas, bares y restaurantes, y empaparse de la historia que se respira en el aire, es algo que cualquier persona que visita Valparaíso puede hacer. Sin embargo, vivir allí es otra cosa. Todo aquello que para un simple visitante puede ser un deleite, para aquel que vive en el puerto es un descubrimiento diario.
Optando por salir del mundanal ruido y el estrés de Santiago, o de las clásicas calles de Viña del Mar, o simplemente para cambiar el campo por la panorámica de la bahía y del puerto principal, para mucha gente, Valparaíso se transformó en un lugar para vivir.
Hoy son muchas las personas que venidas de uno u otro lugar del país o de diversos lugares del mundo, viven aquí. Desde poetas y filósofos llevados por la bohemia, pasando por periodistas y psicólogos, hasta llegar a la nueva generación de chefs, Valparaíso se ha transformado en una ciudad absolutamente heterogénea, que alberga a un sinnúmero de personas y personajes distintos, que conviven sin importar de donde vienen o quienes son. Todas ellas han optado por tener su residencia aquí, y a medida que más lo descubren, menos quieren emigrar.
Y no es para menos, porque según el periodista Fidel Oyarzo, “el que visita Valparaíso no alcanza a ver ni el 20 por ciento de lo que realmente ve el que vive acá”.
En el puerto se vive como en un barrio. Todos se conocen: el panadero de la esquina, el dueño de la fotocopiadora, la señora del almacén. Y como buen barrio los chismes abundan, pero parece que eso no importa, porque según la psicóloga Paulina Barrientos “da lo mismo que todos se enteren de tu vida, nada se compara con despertarte en la mañana, abrir las cortinas y ver la bahía”.
Valparaíso tiene un aire europeo y eso es indiscutible. Quizás sea por eso que muchos se trasladen allí. Entonces, puede que vivir en el puerto se esté transformando en una moda, en un boom producto de diversos factores
como la bohemia y la vida nocturna. Para el chef Manuel Subercaseaux, quien vive hace dos años en el Cerro Alegre y es dueño de un prestigioso restaurante porteño, el hecho de que sea una moda no es criticable “porque junto existir lugares lindos y tranquilos, existe también mucha pobreza, suciedad y mugre, y el que viene por moda tarde o temprano se aburre de eso y se va”.
El entorno porteño es distinto cada día y los que viven aquí lo saben. Este puerto ha cambiado la vida de sus nuevos habitantes, Fidel Oyarzo lleva cuatro años viviendo en Valparaíso y sabe de eso: “desde mi casa la vida es como un marco, es como una pintura en movimiento permanente. Todo ese movimiento lo veo todos los días y eso es vivificante. En el fondo a mi me cambió la vida. Me di cuenta que vivir a orillas del mar es muy gratificante”.
Pero no sólo Fidel piensa así, para Paulina Barrientos ha sido una experiencia increíble, “hace dos años tomé la decisión de vivir aquí. Fue mi opción y eso me hizo tremendamente feliz. Hoy puedo decir que soy y me siento una persona plena”.
Valparaíso tiene magia, tiene una cosa especial que se respira en el aire, algo que cambia a aquellas personas que toman la decisión de vivir allí. Algunos incluso piensan no cortar el lazo que los une con este puerto, porque ya se sienten parte de él, y la experi
encia que les ha dejado los ha marcado. “Me siento feliz viviendo acá” es la frase que se repite en estos nuevos porteños. Todos concuerdan en que hay cesantía, pobreza, que está viviendo un proceso lento de restauración como Patrimonio Cultural de la Humanidad, pero eso no cambia en nada lo gratificante que es la vida en el puerto.
Sus cerros, su plan, sus panorámicas, su gente, incluso su pobreza hacen que Valparaíso sea un lugar especial. Un lugar abierto a recibir a cualquiera. Todos conviven en un mismo lugar, sin importar el tinte político, intelectual, social o el lugar de donde vienen. Aquí lo que los une es la magia propia de este puerto, el Puerto Principal”.